Nuestro mundo es cada vez más digital. Si necesitamos un préstamo, usamos Internet para buscar las mejores ofertas. Si queremos consultar un síntoma médico, Internet suele ser el primer lugar al que recurrimos. ¿Necesitas comida urgente? Con un par de clics la tendrás en casa en 30 minutos. O si queremos estirar un poco el presupuesto familiar, comprar en línea suele ser la opción más económica.

En el mundo desarrollado, damos por sentadas estas opciones. Sin embargo, para muchas personas en todo el mundo, este dilema es más que una frustración temporal, es su realidad diaria. Dedica unos momentos a intentar desenvolverte en la vida cotidiana sin acceso a Internet, y el papel esencial de la conectividad digital se hace evidente rápidamente.

A pesar de la explosión de la adopción de Internet en la última década, seguimos viviendo en un mundo digital profundamente dividido. Para 2024, se estima que 2700 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, carecen de acceso básico a Internet. Incluso entre los conectados, menos de la mitad (47 %) tiene acceso al tipo de banda ancha de alta velocidad que muchos damos por sentado.

Inevitablemente, la brecha digital depende de la geografía, y los países en desarrollo y las economías emergentes son los más afectados. En Europa y América, la penetración de Internet (la proporción de una población determinada con acceso a la web) ronda el 90 % y el 80 %, respectivamente. En otros lugares, la situación es muy distinta. Mientras que los países árabes han alcanzado una penetración de Internet del 70 %, en Asia la cifra desciende al 60 %. En África, la cifra ronda el 40 %. En India, el país más poblado del planeta, la adopción de Internet se mantiene en el 48,7 %.[1] En Kenia, donde se prevé que la población de más de 50 millones se duplique para 2050, la tasa es tan baja como el 32,7 %, menos de una de cada tres personas.

Las personas que viven en zonas remotas sufren invariablemente los impactos de estos «desiertos digitales» con mayor intensidad. A nivel mundial, los habitantes rurales tienen el doble de probabilidades de verse privados de acceso a Internet que quienes viven en entornos urbanos.[2] Pueden vivir en el mismo mundo digital que nosotros, pero sin la infraestructura de última milla necesaria para llevar Internet a hogares y oficinas, sufren una oscuridad digital.

La falta de conectividad significa estar privados no solo de acceso a Internet, sino también de acceso financiero, médico, político y cultural: las herramientas con las que construimos nuestras vidas, definimos nuestras identidades y moldeamos el futuro de nuestras sociedades. Estas comunidades pueden quedar atrapadas en espirales de pobreza a largo plazo. Excluidas digitalmente, carecen de los medios básicos para competir en la era moderna y ven gravemente obstaculizados sus esfuerzos por construir un futuro mejor para sí mismas y sus familias.

Estas consideraciones prácticas son fundamentales para expandir el acceso digital a nivel mundial y reducir la peligrosa brecha que existe actualmente.

¿Cómo pueden las finanzas ayudar a democratizar el acceso digital?

A nivel macro, digitalizar una economía nacional es vital para su integración en el sistema económico global. Para que los países puedan comerciar y las empresas competir, deben poder compartir datos e intercambiar finanzas de forma rápida y fiable, lo cual no es posible sin una conectividad digital generalizada. A microescala, el acceso digital impulsa la innovación individual, y cuando esta se multiplica en una sociedad, puede tener un impacto significativo en el PIB y contribuir a mejorar la calidad de vida.

Pero, ¿cómo lograrlo? No sin un gasto considerable. Instalar cables de banda ancha en comunidades geográficamente remotas o con dificultades económicas es costoso y requiere mucho tiempo; también lo es establecer la red de centros de datos necesaria para un ecosistema digital próspero. Asegurar la conectividad de última milla es un desafío persistente que requiere una gran imaginación y un gran presupuesto.

Un informe sugiere que conectar digitalmente a los miles de millones de personas que actualmente carecen de acceso a Internet costará alrededor de 28 000 millones de USD para 2030.[3] La cuestión de quién paga aún es objeto de debate. Sin embargo, una revolución de este tipo no solo requiere dinero. También exige estrategias coordinadas para abordar la infraestructura, la legislación y, por supuesto, la alfabetización digital.

¿Cuál es la mejor estrategia para mejorar la conectividad digital?

Los avances digitales tienden a crecer como una bola de nieve, por lo que impulsar financieramente una economía digital incipiente puede ser muy beneficioso para los gobiernos. Los legisladores de los países en desarrollo deben reducir drásticamente los costes de licencia para los operadores de tecnologías de la información y las comunicaciones (ICT) que desean ingresar al mercado. Los subsidios y las exenciones fiscales pueden atraer inversores a un sector que tradicionalmente tiene costes iniciales elevados, fomentando al mismo tiempo un ecosistema saludable de innovación técnica. Invertir en investigación y desarrollo, ya sea a nivel universitario o empresarial, no solo capacita a una fuerza laboral entusiasta, sino que también acelera la evolución de las tecnologías necesarias. Una economía abierta, dispuesta a acoger la experiencia y la especulación financiera provenientes de fuera de las fronteras nacionales, puede acelerar el camino hacia una sociedad digitalizada. Las alianzas público-privadas son fundamentales para dividir los riesgos que implica la transformación digital a nivel estatal.

Otras iniciativas requieren la intervención específica de instituciones financieras multilaterales. Un ejemplo de ello es el Banco Islámico de Desarrollo (BIsD), que financia el desarrollo digital en todo el mundo musulmán. Hasta la fecha, el BIsD ha destinado alrededor de mil millones de USD al sector de las ICT.[4] Entre sus iniciativas recientes se incluyen la instalación de infraestructura de fibra óptica en Gambia y Sierra Leona, así como la inversión en cableado submarino para conectar Yibuti y Bangladesh con sistemas internacionales.

Herramientas como el Navegador de Inclusión Digital del PNUD pueden ayudar a los responsables políticos a identificar las deficiencias en la transición digital. Este proyecto es fruto de la colaboración entre consultores del sector privado y dos importantes ONG: el Foro Económico Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Su objetivo es arrojar luz sobre la exclusión digital recopilando los datos más recientes sobre la inclusión digital a nivel mundial. Junto con estudios de caso y perspectivas de expertos, el Navegador de Inclusión Digital ayudará a definir las prioridades presupuestarias y legislativas de los próximos años.

Las estrategias políticas más eficaces son las regionales. La Comisión de Banda Ancha para el Desarrollo Sostenible, una alianza público-privada que fomenta la cooperación digital, lidera el proyecto Digital Infrastructure Moonshot for Africa. África alberga aproximadamente una de cada cinco personas del mundo, pero solo representa el 13 % de los usuarios de Internet, con una alta concentración de estos usuarios en países relativamente desarrollados como Sudáfrica, Egipto y Marruecos.[5] El proyecto Moonshot tiene como objetivo conectar a mil millones de africanos más para finales de la década, aunque su coste ronda los 100 mil millones de USD.

Un grupo de trabajo de Moonshot se encarga de obtener fondos públicos y privados. Además, ha identificado una serie de estrategias políticas que, en conjunto, ayudarán a acabar con la exclusión digital en muchas zonas de África:

  • Crear mercados de banda ancha competitivos para fomentar precios más bajos.
  • Reducir los impuestos a los proveedores de telecomunicaciones.
  • Reducir el riesgo de las inversiones privadas mediante compromisos de fondos públicos.
  • Animar a los gobiernos a utilizar los servicios digitales para generar demanda inicial.
  • Priorizar la igualdad de oportunidades sobre las ganancias, proporcionando cobertura de red a zonas remotas.
  • Desarrollar capacidades locales para mantener las redes, ahora y en el futuro.

Algunas iniciativas son aún más específicas geográficamente. Por ejemplo, el Grupo Banco Mundial ha aprobado un financiamiento de 92 millones de USD para su programa de Aceleración Digital para una Economía Inclusiva (DARE) en Kazajistán, con el objetivo de conectar a Internet a un millón de personas más en zonas rurales. Estas inversiones, que se equiparan con subvenciones, promoverán el despliegue de redes de retorno (que conectan las zonas locales con las redes centrales mediante infraestructura como torres de transmisión) y ayudarán a subsanar las deficiencias de conectividad en la última milla.

El intercambio de conocimientos es vital para ganar impulso, al igual que la promoción de estrategias de mejores prácticas. Foros transfronterizos como la Lighthouse Countries Network desempeñarán un papel fundamental en la transición digital en curso. Esta red reúne a legisladores de los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Bangladesh, Ruanda, Togo y Honduras para inspirar una nueva ola de colaboraciones público-privadas y ayudar a cada país a maximizar el rendimiento económico de una verdadera conectividad digital.

Para convertir estas intenciones en planes viables, se requerirá, naturalmente, la ayuda de la tecnología.

¿Por qué podría ser la conectividad inalámbrica la respuesta?

Los científicos, innovadores e inversores en tecnología de última generación podrían tener la clave para resolver el problema mundial de la conectividad de última milla.

En una red cableada convencional, se estima que los últimos 100 metros de conectividad representan el 90 % de los costes totales.[6] Para contrarrestar esto, conceptos como el Acceso Inalámbrico Fijo (FWA) pueden instalarse a un coste relativamente bajo y sin necesidad de un alto grado de conocimientos especializados. Estos sistemas transmiten datos de alta velocidad desde antenas utilizando ondas de radio en lugar de cables, y prometen conectar comunidades donde las dificultades del terreno o las restricciones económicas impiden el despliegue de infraestructura física.

Más de cien operadores a nivel mundial ya proporcionan tecnología FWA a millones de clientes en mercados emergentes. Se espera que India se convierta en el mayor cliente, con entre 45 y 50 millones de conexiones individuales para finales de la década.[7]

La tecnología satelital también puede ayudar a reducir la brecha digital que amenaza con arraigar desigualdades en nuestro sistema global. Los satélites, desde sus elevadas órbitas, teóricamente brindan la posibilidad de conectividad digital a aproximadamente el 95 % de la población mundial.

Las ambiciones son altas. En 2023, la GSMA, una asociación comercial sin fines de lucro para operadores de redes móviles, se unió a la Agencia Espacial Europea en una iniciativa para garantizar la compatibilidad de las nuevas tecnologías de redes satelitales y terrestres.[8] El Acelerador de Innovación Foundry del programa impulsará ideas prometedoras desde las primeras pruebas comerciales hasta soluciones escalables a nivel regional y global, todas ellas preparadas para su integración en las redes 5G y las futuras 6G.

La inteligencia artificial (IA) también desempeñará un papel fundamental en la reducción de la brecha digital. Con una nueva generación de herramientas algorítmicas, la IA puede ayudar a cuantificar las numerosas variables cruciales para expandir la cobertura digital. ¿Qué comunidades carecen actualmente de conectividad a Internet de alta velocidad? ¿Qué solución, de un conjunto de tecnologías candidatas, permitirá que el mayor número de personas de una zona determinada se una a la familia digital global? Las herramientas de escaneo impulsadas por IA pronto podrán ofrecer respuestas definitivas a estas preguntas vitales.

En ocasiones, lograr la conectividad de última milla es simplemente una cuestión de garantizar un suministro eléctrico fiable. Por ello, las innovaciones en el campo de la transferencia inalámbrica de energía (WPT) podrían ayudar a cambiar la situación. La WPT transmite energía eléctrica desde la fuente de alimentación hasta el dispositivo mediante campos electromagnéticos. Esto implica prescindir de la infraestructura eléctrica tradicional o el cableado, lo que pone la conectividad digital al alcance de casi todos.

Aunque no sea el principal medio de conexión comunitaria, la tecnología inalámbrica puede servir como respaldo confiable para los equipos físicos en caso de interrupciones del servicio. Las alternativas inalámbricas resultarán invaluables en caso de cortes de energía, averías mecánicas o pérdida de infraestructura debido a los desastres climáticos más comunes en un mundo cada vez más afectado por el cambio climático.[9]

Actualmente, la WPT se limita a cargar pequeños dispositivos en lugar de abastecer a comunidades enteras debido a la alta proporción de energía que se pierde durante las transferencias a larga distancia, pero ya se están realizando investigaciones para mejorar la eficiencia.

Como hemos visto, las tecnologías inalámbricas y espaciales son herramientas útiles para conectar zonas remotas y reducir la brecha digital. Estos recursos pueden complementarse, cuando sea necesario, con amplificadores de última milla, como el cableado de fibra óptica para una baja latencia, y con una red de torres de transmisión más sofisticada. En conjunto, esto se traduce en acceso a Internet de alta velocidad para las regiones desatendidas y más oportunidades de vida para quienes viven bajo su amparo.

Soluciones de vanguardia para un futuro más justo

No debería ser difícil convencer a los inversores de los beneficios a largo plazo de las tecnologías de comunicación digital altamente evolucionadas. Las soluciones avanzadas de última milla generarán beneficios económicos aún mayores a medida que las «ciudades del futuro» adopten principios inteligentes.

Las ciudades inteligentes del futuro, como la ciudad en desarrollo Neom en Arabia Saudí, contarán con una fusión de tecnologías de vanguardia. Sin embargo, estas solo podrán interoperar si pueden intercambiar datos de forma rápida y fiable: el movimiento de vehículos deberá coordinarse para facilitar la fluidez del tráfico; las redes eléctricas deberán equilibrarse con una gran cantidad de fuentes renovables; el uso del agua y la gestión de residuos se gestionarán mediante una red de contadores inteligentes. Todos estos conceptos solo pueden hacerse realidad en un entorno digital.

Solo una sociedad digitalizada puede aprovechar los beneficios transformadores de las nuevas tecnologías. La comunicación digital, por ejemplo, es el motor de la colaboración entre la empresa tecnológica española Datakorum y Almar Water Solutions, parte de Abdul Latif Jameel Environmental Services. La tecnología de Datakorum traduce los niveles de agua en datos inteligentes, aumentando la eficiencia y evitando el desperdicio indebido de este recurso natural vital. Las implicaciones en el mundo real ya son evidentes. En Abu Dabi, Datakorum proporciona pasarelas 5G para conectar a los usuarios finales con los canales de distribución, impulsando la transformación digital de la infraestructura hídrica de los emiratos en virtud de un contrato de cinco años.

En Oriente Medio, África y otros lugares, acabar con la exclusión digital mejorará las oportunidades de vida de las comunidades más vulnerables del mundo y permitirá una mayor coordinación ante amenazas existenciales como el cambio climático.

Quizás el acceso digital solía considerarse un privilegio: una comodidad adicional a la vida cotidiana que, aunque no era fundamental para la supervivencia, nos ahorraba tiempo y nos ayudaba a agilizar nuestras tareas. Ya no es así. Desde su aparición, el acceso digital ha pasado de ser un lujo a ser obligatorio. Hoy en día, es el motor que impulsa muchas de nuestras vidas.

¿Aún no le convence? Pruebe a apagar su móvil durante 24 horas. Por supuesto, no podrá acceder a mapas en tiempo real para llegar a esa reunión. Ni realizar ese pago urgente a un proveedor. O reservar una cita en el hospital, cambiar acciones de una empresa a otra o usar recursos en línea para ayudar a sus hijos con las tareas escolares. No es precisamente una fórmula para salir de la pobreza ni para construir un futuro mejor para quienes dependen de usted.

La brecha digital amenaza con exacerbar la creciente brecha entre los que tienen y los que no. La inclusión digital, por el contrario, podría ayudar a liberar a miles de millones de personas.

Datos clave sobre cómo reducir la brecha digital

P: ¿Cuántas personas en el mundo aún carecen de acceso básico a Internet?

R: Se estima que, en 2024, 2700 millones de personas (alrededor de un tercio de la población mundial) carecían de acceso básico a Internet, y menos de la mitad de las que estaban conectadas tenían acceso a banda ancha de alta velocidad.

P: ¿Qué regiones tienen las tasas de penetración de Internet más bajas?

R: África tiene la penetración de Internet más baja, con alrededor del 40 %, seguida de Asia con un 60 %. En contraste, Europa alcanza alrededor del 90 % y América, alrededor del 80 %. India, a pesar de ser el país más poblado del mundo, solo tiene un 48,7 % de adopción de Internet.

P: ¿Cuánto costará conectar a los miles de millones de personas que actualmente no tienen acceso a Internet?

R: Un informe estima que conectar digitalmente a los miles de millones de personas que actualmente carecen de acceso a Internet costará alrededor de 28 000 millones de USD para 2030.

P: ¿Por qué se considera el acceso inalámbrico fijo (FWA) un factor decisivo para la conectividad?

R: En las redes cableadas convencionales, los últimos 100 metros de conectividad representan el 90 % de los costes totales. El FWA se puede instalar a un coste relativamente bajo sin necesidad de conocimientos especializados, transmitiendo datos a alta velocidad desde antenas mediante ondas de radio en lugar de cables.

P: ¿Cuántas personas podrían conectar potencialmente la tecnología satelital?

R: En teoría, los satélites brindan la posibilidad de conectividad digital a aproximadamente el 95 % de las personas en todo el mundo, lo que los hace cruciales para llegar a zonas remotas donde la infraestructura tradicional es impracticable.

 

[1] https://datareportal.com/reports/digital-2023-global-overview-report

[2] https://www.weforum.org/stories/2022/05/how-to-counter-the-global-digital-divide

[3] https://www.weforum.org/stories/2022/11/bridging-the-digital-divide-to-accelerate-development/

[4] https://www.weforum.org/stories/2022/11/bridging-the-digital-divide-to-accelerate-development/

[5] https://www.broadbandcommission.org/insight/broadband-for-all-a-digital-infrastructure-moonshot-for-africa/#

[6] https://www.gsma.com/solutions-and-impact/technologies/networks/5g/fixed-wireless-access-economic-potential-and-best-practices/

[7] https://www.gsmaintelligence.com/research/5g-fwa-on-the-rise-state-of-the-market-new-developments-and-outlook-through-to-2030

[8] https://www.gsma.com/newsroom/press-release/gsma-and-european-space-agency-launch-new-communications-innovation-partnership/

[9] https://www.worldwildlife.org/stories/is-climate-change-increasing-the-risk-of-disasters