¿Estamos midiendo el impacto de la inversión en agua?
Durante la última década, la inversión de impacto ha evolucionado de un concepto ambicioso a un enfoque más estructurado y disciplinado de la asignación de capital. Cada vez más, los inversores buscan no solo rentabilidad financiera, sino también resultados sociales y medioambientales demostrables. Pocos sectores reflejan tanto la promesa como la complejidad de este cambio con tanta claridad como el agua.
En teoría, el argumento a favor de la inversión es convincente.
El agua se encuentra en el centro de la productividad económica, la salud pública y la sostenibilidad medioambiental. Las pruebas demuestran que las inversiones en agua y saneamiento pueden ofrecer relaciones beneficio/coste de entre 3:1 y 7:1, impulsadas por beneficios como la reducción de enfermedades, la mejora de la asistencia escolar y la reducción de los costes sanitarios. Sin embargo, a pesar de esta sólida propuesta de valor, el sector sigue estando sistemáticamente infrafinanciado. Según las estimaciones de la OCDE y el Banco Mundial, las necesidades mundiales de infraestructuras hidráulicas alcanzarán los 6,7 billones de USD para 2030 y podrían aumentar hasta los 22 billones de USD para 2050, superando con creces los compromisos actuales de financiación pública[1].
Esta brecha de inversión no se debe a la falta de oportunidades, sino a la complejidad percibida del sector. El agua se encuentra en la encrucijada entre la adaptación climática, la seguridad alimentaria, la transición energética y la resiliencia urbana. Implica varios regímenes reguladores, estructuras de propiedad fragmentadas y activos de infraestructura de larga duración. Al mismo tiempo, muchos de sus beneficios más importantes, como la resiliencia, la sostenibilidad medioambiental y el bienestar humano, son difíciles de cuantificar utilizando marcos financieros tradicionales.
El resultado es una paradoja persistente: el agua es indispensable en la economía real, pero a menudo está infravalorada en los mercados financieros.

Director ejecutivo
Almar Water Solutions
Carlos Cosín, CEO de ALMAR Water Solutions (parte de Jameel Environmental Services), cree que resolver esta desconexión requiere un cambio de mentalidad, pasar de centrarse en intenciones generales a priorizar resultados medibles y verificados. Al vincular los rendimientos financieros directamente con el impacto, Carlos cree que el agua puede pasar de ser considerada compleja e infrainvertida a ser reconocida como una clase de activos resiliente y esencial.
ALMAR Water Solutions se instauró en 2016, con la misión de mejorar la seguridad del agua en todo el mundo, especialmente para las comunidades mundiales más vulnerables. Una década después gestiona una cartera de programas de desalinización, tratamiento de aguas residuales, reutilización y reciclaje. Con una creciente cartera de proyectos en Europa, Oriente Medio, América Latina, África y Asia-Pacífico, ALMAR diseña, estructura la financiación y opera sistemas en todo el ciclo del agua, desde la desalinización y la purificación hasta el tratamiento de aguas residuales, la reutilización, las redes de distribución y el funcionamiento y el mantenimiento a largo plazo.
Hablamos con Carlos sobre el caso de inversión para el sector del agua y cómo el sector privado puede ayudar a impulsar una nueva era de crecimiento e innovación.
¿Qué hace que el agua sea una clase de activos especialmente resiliente y atractiva?
La resiliencia del agua reside en su naturaleza fundamental. Es una necesidad básica, la demanda es muy poco flexible, el suministro es finito y la sustitución es imposible.
En términos económicos, esto se traduce en ingresos estables, bajo riesgo de impago y una gran correlación con la infraestructura de servicios esenciales. Al mismo tiempo, el agua tiene un enorme valor social: cada metro cúbico tratado o reutilizado contribuye directamente al bienestar humano y a la estabilidad medioambiental.
A medida que se acelera la transición global hacia la resiliencia, esta lógica se vuelve aún más fuerte. La infraestructura hidráulica debe diseñarse ahora para la incertidumbre: variabilidad climática, demanda cambiante y riesgos interconectados. Las innovaciones en sistemas modulares, medición avanzada y tecnologías de reutilización se han convertido en componentes esenciales de una infraestructura resiliente.
¿Cómo se distingue entre inversión de impacto e inversión en agua orientada a los resultados?
La inversión de impacto, en su sentido más amplio, se refiere al despliegue intencionado de capital para lograr efectos sociales o medioambientales positivos junto con una rentabilidad financiera. La palabra clave es intencionado: el inversor busca explícitamente el impacto, no lo acepta simplemente como un subproducto. Dentro de este campo, las expectativas de rentabilidad pueden variar desde las concesionales hasta la tasa de mercado, dependiendo del mandato.
La inversión orientada a los resultados lleva esa lógica un paso más allá. En lugar de centrarse en intenciones amplias, estructura las transacciones en torno a resultados medibles. Las rentabilidades están vinculadas a resultados verificados, como reducciones en el agua no facturada, mejora de la continuidad del servicio o metros cúbicos de aguas residuales tratadas de forma segura. En este modelo, lo que importa no es la actividad, sino el rendimiento logrado y verificado. Esto cambia el enfoque de los insumos a los resultados, creando una mayor responsabilidad y haciendo que el impacto sea invertible a escala.
¿Pueden funcionar juntos estos dos enfoques?
No solo son compatibles, sino que también son complementarios. Los inversores de impacto se suelen centrar en alinear la misión y el capital, y están bien posicionados para apoyar iniciativas en fase temprana en las que aún se está demostrando la innovación. Los inversores orientados a los resultados, por el contrario, se centran en la responsabilidad entre la intervención y la evidencia, garantizando que las rentabilidades estén vinculadas a resultados medibles.
En la práctica, los dos enfoques pueden reforzarse entre sí. Los inversores de impacto financian la primera oleada de innovación, mientras que los modelos orientados a los resultados perfeccionan y amplían esas soluciones una vez establecidas las métricas. La combinación crea una canalización desde el propósito hasta la prueba, ayudando a desbloquear capital en un sector que representa aproximadamente 58 billones de USD en valor económico mundial según el Foro Económico Mundial[2], pero sigue recibiendo solo una fracción de la inversión que requiere.
¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrentan los inversores y cómo se pueden superar?
Muchos de los desafíos que se suelen mencionar son reales, pero también son los mecanismos a través de las cuales surgen la innovación y la colaboración.
En primer lugar, la infraestructura hidráulica requiere mucho capital. Las instalaciones como las plantas de tratamiento, los sistemas de desalinización y las redes inteligentes de distribución requieren una inversión inicial considerable y largos periodos de amortización. Los modelos estructurados de financiación combinada, en los que los fondos públicos o filantrópicos absorben el primer riesgo, pueden hacer que los proyectos sean viables y atraer capital institucional una vez que los activos se estabilizan.
En segundo lugar, la complejidad normativa y el riesgo tarifario son inherentes al sector. Los servicios públicos del agua operan dentro de marcos públicos estrictamente controlados, a menudo con sensibilidad política. Sin embargo, esto también puede crear ingresos predecibles y basados en concesiones para inversores que comprenden la dinámica normativa local y se relacionan de forma constructiva con los legisladores.
En tercer lugar, la medición ha sido tradicionalmente difícil. Demostrar los resultados sociales y medioambientales de las inversiones en agua no es sencillo. Sin embargo, los modelos basados en resultados están cambiando esta dinámica. Al vincular los rendimientos financieros con indicadores verificados, litros de agua ahorrados, hogares conectados u horas de servicio mejoradas, la medición deja de ser una restricción y se convierte en un impulsor de valor.
En cuarto lugar, la liquidez y el riesgo de salida históricamente han limitado la participación de los inversores. Sin embargo, la aparición de fondos de infraestructura, vehículos de rentabilidad y titulización está mejorando gradualmente la liquidez del mercado.
Por último, quedan brechas de datos persistentes. Muchos servicios públicos carecen de información estandarizada sobre rendimiento y financiera. Sin embargo, esto también es una oportunidad. Las plataformas digitales, la teledetección y los análisis impulsados por IA ahora permiten la supervisión continua de los flujos, del consumo energético y las pérdidas del sistema, lo que mejora la eficiencia operativa y refuerza la confianza de los inversores.
Desde la perspectiva de un inversor, ¿cuál es la oportunidad real en el agua?
Desde el punto de vista de un inversor, el atractivo del agua no reside en la especulación, sino en la lógica estructural de la escasez y la necesidad.
Los servicios públicos del agua y los proyectos de infraestructuras suelen proporcionar rentabilidades vinculadas a la inflación de larga duración, especialmente en mercados regulados. En las economías emergentes, donde persisten las desigualdades en el acceso, el potencial de crecimiento es considerable. En los mercados desarrollados, la infraestructura anticuada y la necesidad de adaptación climática están creando importantes oportunidades de inversión en ingeniería, tecnología y soluciones digitales.
Al mismo tiempo, el agua no es una clase de activos homogénea. Abarca servicios públicos regulados con dividendos predecibles, contratos basados en el rendimiento con pagos variables y tecnologías innovadoras con perfiles de riesgo-rentabilidad más altos. En este sentido, el agua ofrece un espectro de oportunidades comparable al de la energía, si está bien estructurada.
¿Cómo apoyan este cambio los gobiernos y las instituciones?
Los gobiernos reconocen cada vez más el agua como un pilar central de la adaptación climática y la resiliencia económica.
Los marcos legislativos están evolucionando en consecuencia. Iniciativas como la Estrategia de Resiliencia Hídrica de la UE y las hojas de ruta de financiación global subrayan la necesidad de aumentar la inversión y movilizar el capital privado. Instrumentos como los bonos verdes, los préstamos vinculados a la sostenibilidad, los contratos basados en el rendimiento y los vehículos de financiación combinada están ampliando el conjunto de herramientas disponible para los inversores. A medida que estos marcos maduran, crean nuevas vías para que el capital fluya hacia el agua, cerrando la brecha entre las prioridades públicas y la inversión privada.
¿Qué papel desempeñan las métricas de resultados para movilizar la inversión?
Los inversores orientados a los resultados insisten en métricas creíbles. Medir el “impacto” en el agua requiere pruebas de que las vidas han mejorado, los servicios son sostenibles y los resultados medioambientales perduran. Por eso, la rigurosa supervisión, verificación y transparencia no son negociables. Cuando los resultados se definen claramente y se verifican de forma independiente, los inversores adquieren confianza en que el capital ofrece un valor real y duradero.
¿Qué papel desempeñan las empresas privadas en el avance de la inversión en agua?
Las empresas privadas desempeñan un papel decisivo a la hora de cerrar la brecha entre el capital y el impacto. Pueden traducir los resultados sociales en métricas viables, transformar proyectos de ingeniería en plataformas favorables a las inversiones y garantizar que la innovación tecnológica esté en consonancia con los beneficios medioambientales medibles. Al trabajar junto con gobiernos e inversores, pueden estructurar proyectos en los que los rendimientos financieros se correspondan directamente con mejoras en el acceso, la eficiencia y la resiliencia.
En la práctica, las inversiones en agua más exitosas combinan tres ingredientes esenciales: capital paciente, diseño riguroso y asociaciones sólidas. Ningún actor, público o privado, puede resolver los desafíos del agua por sí solo. Cuando estos elementos convergen, los límites entre filantropía, servicio público y beneficios comienzan a diluirse.
Al cambiar el enfoque de la intención a resultados medibles e incorporar la responsabilidad, la verificación y la transparencia en los modelos de inversión, el agua puede pasar de la falta de inversión crónica a un papel central en las finanzas sostenibles.
¿Cómo podemos pasar de buenas intenciones a resultados medibles?
En última instancia, el desafío al que se enfrenta el sector del agua es el del reconocimiento. Como destaca Carlos, el agua sustenta toda nuestra sociedad (la actividad económica, la salud pública y la estabilidad medioambiental), pero sigue estando fuera de los marcos centrales a través de los cuales normalmente se asigna capital. El problema se centra menos en identificar las necesidades y más en estructurar la inversión de forma que refleje el valor total del agua, tanto en términos financieros como sociales.
El creciente énfasis en los modelos orientados a los resultados es un avance positivo en esta dirección. Al vincular el capital directamente con el rendimiento, proporciona una visión más clara entre la inversión y el impacto, abordando preocupaciones arraigadas en torno a la medición, la responsabilidad y el riesgo. Esto ayuda a reposicionar el agua de un sector complejo y fragmentado a uno que se pueda entender, evaluar y ampliar dentro de los marcos de inversión modernos.
A medida que las presiones sobre los sistemas de agua siguen intensificándose, impulsadas por el cambio climático, el crecimiento de la población y las restricciones de recursos, la necesidad de una infraestructura resiliente y adaptable no hará sino aumentar. Para superar este desafío será necesario actuar de forma coordinada entre instituciones públicas, capital privado y experiencia técnica. Si lo logramos, el agua tiene el potencial de pasar de una falta de inversión persistente a un papel más definido e integrado dentro de la infraestructura global y las finanzas sostenibles.
[1] https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2018/03/financing-water_2be68120/bf67ec4e-en.pdf
[2] https://www.weforum.org/stories/2025/10/what-is-water-worth-financing-innovation-resilience
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