Históricamente, el tema de las infraestructuras hídricas en los mercados emergentes ha sido presa de una contradicción. El argumento social y económico para la inversión está claramente establecido, con una relación evidente con una mejor salud pública, seguridad alimentaria, mayor productividad y mayor resiliencia. Sin embargo, la rentabilidad financiera, medida mediante modelos convencionales de riesgo-rentabilidad, a menudo no llega al nivel necesario para atraer capital privado a gran escala.

Este desequilibrio ha contribuido a décadas de infra inversión. Sin embargo, no todo está perdido. Carlos Cosín, CEO de ALMAR Water Solutions (parte de Jameel Environmental Services), destaca un cambio en el enfoque que podría transformar el sector.

Carlos Cosín, CEO de Almar Water Solutions

Los bancos multilaterales de desarrollo (BMD) y otras instituciones están introduciendo nuevos instrumentos de riesgo compartido y estructuras financieras combinadas, que apuntan hacia un enfoque más estructurado y escalable de la inversión en agua. Estos avances sugieren que podría ser factible una nueva era de la financiación del agua.

ALMAR Water Solutions fue instaurada en 2016 por Abdul Latif Jameel, con la misión de mejorar la seguridad del agua en todo el mundo, especialmente para las comunidades mundiales más vulnerables. Una década después gestiona una cartera de programas de desalinización, tratamiento de aguas residuales, reutilización y reciclaje. Con una creciente cartera de proyectos en Europa, Oriente Medio, América Latina, África y Asia-Pacífico, ALMAR diseña, estructura la financiación y opera sistemas en todo el ciclo del agua, desde la desalinización y la purificación hasta el tratamiento de aguas residuales, la reutilización, las redes de distribución y el funcionamiento y el mantenimiento a largo plazo.

Hablamos con Carlos Cosín sobre cómo el riesgo, las garantías y la innovación financiera están remodelando el panorama de inversión en los mercados emergentes, y qué se necesitará para movilizar capital en algunas de las regiones con mayor riesgo hídrico.

¿Por qué la inversión en agua en los mercados emergentes ha sido históricamente tan difícil?

La financiación de sistemas de agua en países de ingresos medios y bajos ha sido durante mucho tiempo una paradoja. Por un lado, las rentabilidades sociales y económicas son innegables, impulsadas por la mejora de los resultados sanitarios, la mejora de la productividad y la reducción de la desigualdad de género. Por otro lado, la rentabilidad financiera, medida por modelos convencionales de riesgo-rentabilidad, parece insuficiente para atraer inversiones privadas a gran escala.

Esto ha dado lugar a décadas de infra inversión, dejando a miles de millones de personas sin acceso a servicios de agua y saneamiento gestionados de forma segura. O se ha invertido sin cumplir las expectativas para las que se hicieron. Sin embargo, un cambio de enfoque en los últimos años sugiere que podría ser finalmente factible una nueva era de la financiación del agua.P. ¿Cómo los enfoques tradicionales de mitigación de riesgos han dado forma a la inversión en el sector del agua?

Instituciones como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Banco Asiático de Desarrollo se han centrado históricamente en la financiación soberana y los préstamos directos para proyectos. Con el tiempo, este enfoque se ha ampliado para incluir garantías de riesgo parcial, mejoras crediticias y seguros de riesgo político, todos diseñados para disminuir el riesgo de los proyectos y reducir el coste de capital para las empresas privadas que entran en mercados frágiles o inciertos. La “Garantía de Riesgo Parcial” del Banco Africano de Desarrollo y la “Garantía de Mejora Crediticia” del Banco Asiático de Desarrollo siguen la misma lógica subyacente: no garantizan beneficios, pero sí garantizan reglas estables del juego, asumiendo esos tipos de riesgo que los inversores privados no pueden valorar de forma eficaz.

La Asociación Internacional de Fomento (AIF) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) del Grupo Banco Mundial han ampliado las garantías para cubrir riesgos como el impago por parte de las empresas de servicios públicos, el incumplimiento de contratos regulatorios o la expropiación del gobierno. Del mismo modo, la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (Multilateral Investment Guarantee Agency, MIGA) ofrece protección contra la inconvertibilidad de divisas, la guerra y los disturbios civiles.

Estos instrumentos son especialmente relevantes en el sector del agua, donde los proyectos requieren mucho capital, los ingresos se devengan lentamente y el reembolso depende de la estabilidad normativa a largo plazo. Al mismo tiempo, su aplicación práctica puede verse limitada por una rigidez significativa. La MIGA, por ejemplo, requiere que un tribunal internacional certifique el incumplimiento antes de que se puedan activar sus mecanismos. Este proceso es largo e incierto, y a menudo no es adecuado para contextos en los que la inmediatez es fundamental. El alto coste de acceso agrava aún más esta situación, lo que socava la eficacia del instrumento en la práctica, precisamente cuando más se necesita.

¿Por qué las garantías son especialmente importantes en el agua en comparación con otros sectores?

La justificación de estos instrumentos es más sólida en el ámbito del agua. A diferencia de sectores como la energía o las telecomunicaciones, los proyectos hídricos rara vez producen rentabilidades comerciales inmediatas y las tarifas son políticamente sensibles. Las tasas de cobro suelen ser irregulares y las empresas de servicios públicos suelen operar en condiciones de infra capitalización crónica.

Por lo tanto, los inversores privados se enfrentan a una combinación de riesgo normativo, riesgo de pago e incertidumbre respecto a la demanda, aunque la demanda a largo plazo sea fundamentalmente segura. Las garantías sirven como puente entre el innegable valor público del agua y su supuesto de inversión privada.

Los proyectos de agua también están expuestos de forma única a riesgos soberanos y relacionados con el clima. Fundamentalmente, la infraestructura hídrica no se puede reubicar. Una presa, una planta de tratamiento o una tubería están fijas en su ubicación. Si cambia la política o se deterioran las condiciones hidrológicas, no hay salida. Esta inmovilidad física hace que la combinación de estabilidad política y certeza normativa a largo plazo no solo sea deseable, sino esencial. En este contexto, las garantías de los BMD no solo proporcionan protección financiera, sino también una señal de supervisión internacional que para los inversores resulta realmente tranquilizadora.

¿Cómo está evolucionando el papel de las garantías?

Si las garantías son la jugada inicial, la siguiente etapa es cómo se aplican. Gran parte del enfoque actual sigue basado en proyectos, cubriendo contratos, servicios públicos o instalaciones específicos. Sin embargo, los inversores, en particular los institucionales, están cada vez más interesados en enfoques de cartera que distribuyan el riesgo entre diferentes países y clases de activos.

Esto permite que la inversión en agua se aleje de “apostar en un único territorio potencialmente inestable” y se oriente hacia el compromiso con una cartera global gestionada. Al hacerlo, permite una participación más amplia y una rentabilidad más estable y diversificada. Aquí está la clave. Pasamos de un modelo que financia a los gobiernos para que puedan gestionar sus propias inversiones en infraestructuras hídricas (a pesar de carecer de experiencia, de control sobre la inversión y la construcción, y de recursos operativos, factores que inevitablemente condujeron a los fallos históricos que hemos visto) a un modelo que pone estos proyectos en manos de las empresas que los implementan en nombre de estos Estados, aportando su experiencia y conocimientos, al tiempo que cubre el riesgo que los gobiernos no pueden asumir y sin lo cual estas empresas no estarían dispuestas a desarrollar los proyectos.

¿Qué papel desempeñan los mercados de capitales para movilizar la inversión?

Una segunda dimensión de esta evolución implica relacionar garantías con mecanismos que generen mercados de capitales locales. El riesgo de divisas es una de las barreras más significativas en los países de renta media y baja, donde los ingresos se recaudan en moneda local, mientras que la deuda a menudo se denomina en dólares o euros.

La planta de tratamiento de agua Zuluf, Arabia Saudí. Crédito de la fotografía © ALMAR Water Solutions.

Herramientas como las líneas de crédito de cobertura de divisas, los bonos en moneda nacional y los instrumentos sintéticos pueden ayudar a reducir la vulnerabilidad a las fluctuaciones cambiarias. Más allá de la mitigación de riesgos, estos instrumentos profundizan los mercados financieros internos, creando ciclos virtuosos de reinversión y fortaleciendo la resiliencia financiera a largo plazo.

¿Cómo se pueden alinear más estrechamente las garantías con el rendimiento?

La siguiente evolución consiste en alinear los incentivos además de gestionar el riesgo. Los bancos multilaterales de desarrollo podrían ampliar las garantías basadas en resultados que desembolsen o extiendan la cobertura cuando los servicios públicos cumplan con criterios de rendimiento como la continuidad del servicio, las reducciones en el agua no contabilizada o la inclusión de comunidades marginadas.

Este enfoque transforma las garantías en palancas activas de responsabilidad, garantizando que tanto los actores públicos como los privados sigan centrados en la calidad del servicio y los resultados a largo plazo. También refuerza el cambio hacia la creación de valor, con mayor énfasis en los resultados en lugar de la inversión de capital por sí sola.

¿Cómo evalúan las empresas privadas el riesgo en las inversiones en agua?

Desde el punto de vista de las empresas privadas, la cuestión central es si los riesgos son predecibles, asignables y asegurables. Antes de comprometer el capital, las empresas suelen evaluar tres factores críticos: la estabilidad del entorno normativo durante un periodo de 15 a 20 años, la medida en que se gestiona o asume el riesgo de divisas y la claridad de la demanda a largo plazo y la sostenibilidad de los recursos.

La infraestructura construida sin integrar proyecciones hidrológicas puede enfrentarse al riesgo de activos bloqueados en una década. Por este motivo, las empresas buscan cada vez más una arquitectura de gestión de riesgos completa que integre garantías financieras con análisis de riesgos de recursos y marcos de gobernanza, en lugar de depender de instrumentos financieros aislados.

¿Cómo deben posicionarse las garantías dentro del modelo de financiación más amplio?

Los críticos a veces argumentan que las garantías socializan el riesgo al tiempo que privatizan los beneficios. Esta preocupación no carece de fundamento si las garantías se implementan sin condiciones claras. Sin embargo, cuando se diseñan de forma eficaz, ayudan a reequilibrar el riesgo entre las partes interesadas y desbloquean la inversión que de otro modo seguiría siendo inalcanzable.

En los países de ingresos medios y bajos, su valor reside en la movilización del capital privado, la mejora de la solvencia y la reducción de los costes de endeudamiento. Para los bancos multilaterales de desarrollo, proporcionan una forma de utilizar los balances para lograr un efecto catalizador en lugar de la sustitución directa.

¿Qué debe suceder a continuación para ampliar la inversión en agua a nivel mundial?

Las garantías han abierto un camino que estuvo cerrado durante décadas. Están ayudando a alejar la financiación del agua de la dependencia de los préstamos soberanos y orientarla hacia modelos basados en el riesgo compartido y la participación privada.

Sin embargo, esta evolución debe ir más allá. Movilizar los billones necesarios para alcanzar el ODS 6 ―el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU de acceso universal a agua potable y saneamiento― dependerá de adaptar a distintas dimensiones las garantías por cartera, los instrumentos de profundización de mercados y la financiación vinculada al rendimiento.

Al mismo tiempo, las estructuras financieras deben permanecer estrechamente alineadas con la planificación hidrológica y la reforma institucional, garantizando que la cobertura de riesgos refleje las realidades físicas y de gobernanza de los sistemas de agua.

Cuando los riesgos son más manejables, las garantías son fiables y los incentivos están alineados, el sector privado está listo para desempeñar un papel líder. La siguiente fase de la inversión en agua dependerá de instrumentos pragmáticos y adaptables capaces de operar en tiempo real; instrumentos que no solo mitiguen el riesgo de la inversión, sino que permitan activamente servicios de agua sostenibles donde se necesiten con más urgencia. Hoy estamos en medio de esta transición en el modelo. Las instituciones multilaterales desean avanzar hacia este enfoque, pero aún carecen de proyectos de empresas que puedan garantizar su desarrollo, construcción y operación. Estos proyectos solo surgen cuando organismos multilaterales, empresas y gobiernos avanzan juntos en la misma dirección y coordinan sus esfuerzos. Este es el paso que queda, pero en algunos países ya están empezando a aparecer iniciativas reales.

Facilitar la ampliación de la inversión

La financiación del agua está entrando en una nueva fase de desarrollo, configurada por un enfoque más estructurado de la asignación de riesgos y un papel cada vez mayor para el capital privado. Instrumentos como las garantías, la financiación combinada y las innovaciones del mercado de capitales están ampliando el conjunto de herramientas disponibles tanto para inversores como para gobiernos.

Como destaca Carlos, es vital que los mecanismos financieros estén alineados con las realidades de los sistemas de agua. Los marcos de distribución de riesgos, las estructuras vinculadas al rendimiento y mercados financieros nacionales más sólidos contribuyen a un sector más resiliente y atractivo para la inversión.

A medida que se intensifican las presiones sobre los sistemas de agua, la capacidad de estructurar el riesgo de forma eficaz desempeñará un papel decisivo en la movilización de capital. Con los marcos adecuados, la inversión en agua puede superar las antiguas limitaciones y apoyar el desarrollo sostenible de infraestructuras para satisfacer las necesidades globales.