¿Cómo están transformando nuestro futuro los sistemas inteligentes de agua y alimentos?
A medida que se intensifican las presiones climáticas y demográficas, las nuevas tecnologías están reinventando cómo cultivamos alimentos y gestionamos el agua, uniendo la innovación y la sostenibilidad en una misión compartida para el futuro del planeta.
El agua y los alimentos son la base de la vida, pero la presión a la que se encuentran sometidos ambos es cada vez mayor. En todo el mundo, los cambios climáticos, las presiones demográficas y la fragilidad de las cadenas de suministro ponen a prueba los sistemas que nos sustentan. No se trata de preocupaciones teóricas, sino de realidades que se están desarrollando a nuestro alrededor y que están configurando el futuro de todas las comunidades y economías.
Pero los desafíos a menudo inspiran innovación. Hoy en día, presenciamos una revolución en nuestra forma de pensar y gestionar los recursos más esenciales del mundo. Desde análisis predictivos que pueden prever sequías antes de que se produzcan, hasta la agricultura de precisión que nutre los cultivos con una fracción del agua que antes se necesitaba: la tecnología nos ayuda a trabajar con la naturaleza en lugar de contra ella.
Es fundamental que el progreso dependa de que consideremos los alimentos y el agua no como cuestiones separadas, sino como un sistema único e interdependiente que puede volverse mucho más resiliente, eficiente y equitativo mediante un diseño inteligente. La tecnología es crucial, pero por sí sola no es suficiente. También hacen falta previsión, colaboración y responsabilidad para garantizar que la innovación esté al servicio de la humanidad, no solo de la eficiencia. Al integrar la ciencia, las políticas y los objetivos, podemos transformar la forma en que el mundo se alimenta y se sustenta, garantizando un planeta más saludable para las generaciones futuras.

¿Por qué deberían considerarse los alimentos y el agua como un sistema conectado?
A medida que la población mundial se acerca, según las previsiones generales, a los 10 000 millones de personas para 2050, se calcula que la demanda de alimentos aumentará alrededor de un 60 %.[1]. Satisfacerla con los métodos actuales supondría una presión insostenible sobre los ya escasos suministros de agua. La agricultura por sí sola representa alrededor del 70 % de la extracción mundial de agua dulce, y en muchas regiones, especialmente en África, esta cifra es aún mayor[2].

El desafío se ve agravado por el cambio climático. La producción de alimentos es responsable de aproximadamente un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero[3], mientras que el aumento de las temperaturas globales está reduciendo la disponibilidad y la previsibilidad de las fuentes de agua. Al mismo tiempo, ahora los fenómenos meteorológicos extremos son una de las principales causas de la pérdida de cosechas en todo el mundo. Estamos ante un bucle que amenaza con desestabilizar tanto los ecosistemas como las economías.
Un enfoque integrado de los alimentos y el agua reconoce estas interdependencias. Nos permite anticipar las consecuencias, equilibrar las demandas en pugna y diseñar sistemas más resilientes. Los sistemas alimentarios ya representan casi tres cuartas partes de las extracciones de agua dulce del mundo. Sin embargo, se espera que la producción mundial de alimentos crezca un 70 % para mediados de siglo.[4] Sin una gestión más inteligente, esta trayectoria es insostenible.
La integración no es simplemente un concepto técnico. También es ético. El panorama global está marcado por el contraste y la desigualdad: los excedentes de alimentos y el creciente desperdicio de alimentos en algunas regiones coexisten con la escasez de alimentos en otras; algunos países se enfrentan a problemas de obesidad, mientras que otros lidian con una desnutrición endémica. Los sistemas inteligentes nos brindan las herramientas para alinear mejor los recursos con las necesidades y conectar las realidades locales con la visión global.
¿Puede la tecnología realmente hacer que nuestros sistemas de agua y alimentos sean más inteligentes?
La tecnología está transformando rápidamente la forma en que entendemos y gestionamos los recursos naturales. La inteligencia artificial (IA), el análisis de datos y los sensores digitales están creando una capacidad sin precedentes para recopilar e interpretar información, revelando patrones ocultos y permitiendo tomar decisiones más rápidas e informadas.
Por ejemplo, los modelos basados en IA ya ayudan a los agricultores a predecir las precipitaciones, optimizar el riego y mejorar el rendimiento. Los drones y las imágenes satelitales proporcionan evaluaciones detalladas en tiempo real de la salud del suelo y las condiciones de los cultivos. En la gestión del agua, la IA puede rastrear el consumo, detectar fugas y modelar los riesgos de contaminación, garantizando que cada gota se utilice de forma inteligente[5].
El principio es sencillo: cuando los sistemas pueden detectar, aprender y responder, se vuelven adaptativos. Esta inteligencia ayuda a reducir los desperdicios, conservar energía y aumentar la resiliencia, precisamente lo que exige el futuro de nuestro planeta. La forma en que estas tecnologías facilitan la colaboración es igual de importante. Al vincular sensores, bases de datos y modelos a través de las fronteras nacionales, la inteligencia se convierte en un lenguaje global compartido para la sostenibilidad.
Por ejemplo, en India existe una red de “estaciones agrometeorológicas” impulsadas por IA que proporciona pronósticos hiperlocales a pequeños agricultores. Esto les permite planificar las ventanas de siembra y cosecha con mayor eficacia y aumentar la producción hasta en un 30 %. En Estados Unidos, el análisis basado en datos está ayudando a las empresas de servicios públicos a reducir las pérdidas de agua y el consumo de energía en redes completas.
Hay proyectos pioneros que están demostrando lo que es posible por todo el mundo. En la cuenca del río Limpopo, en el sur de África, donde partes del río están secas hasta el 70 % del año, un proyecto colaborativo combina modelado 3D, sensores del Internet de las Cosas (IoT) y asistentes virtuales basados en IA para supervisar los caudales y pronosticar la disponibilidad de agua. Este enfoque basado en datos fomenta la cooperación entre los países que comparten la cuenca, convirtiendo la competencia en colaboración.[6]
En Argentina, la plataforma Sustainable Agriculture Initiative (SAI), una alianza global de casi 200 organizaciones, está ayudando a los productores de cacahuetes a adaptarse a la sequía mediante prácticas regenerativas.[7] En China, esta misma red apoya el objetivo del gobierno de alcanzar el máximo de emisiones de carbono para 2030 y la neutralidad de carbono para 2060 mediante programas de agricultura sostenible.[8]
En Costa Rica, uno de los principales exportadores de plátanos del mundo, se utilizan pilas de datos para integrar datos sobre clima, suelo y plagas con información financiera y de mercado, lo que ayuda a fortalecer la resiliencia del sector ante las crisis climáticas.[9]
Cada ejemplo es único, pero el patrón es claro: cuando se comparte el conocimiento, los sistemas se vuelven más sostenibles. Los sistemas inteligentes no se limitan a la aplicación de la tecnología; también empoderan a las personas, permitiendo que las comunidades locales y los responsables políticos actúen de manera decidida basándose en información fiable y en tiempo real.
¿Cómo garantizamos que la innovación sea inclusiva y equitativa?
Los beneficios de los sistemas inteligentes no deben restringirse a quienes disponen de los recursos para implementarlos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya la importancia de que los datos agrícolas sean abiertos y accesibles, para que los agricultores de los países en desarrollo puedan obtener los mismos beneficios que las grandes agroindustrias.[10]
Para ello, el Foro Económico Mundial (FEM) ha propuesto un «marco de acumulación de datos», es decir, un modelo que integra diversas tecnologías y actores en un sistema único e interoperable.[11] Al combinar datos locales con análisis globales, este marco permitiría a gobiernos, investigadores y productores tomar decisiones coordinadas sobre la gestión de alimentos y agua. El objetivo es crear un ecosistema digital compartido donde la transparencia y la accesibilidad impulsen el progreso colectivo, ofreciendo “una vía clara hacia una mejor toma de decisiones, resiliencia y sostenibilidad para las generaciones venideras”.

El FEM identifica cuatro prioridades para hacerlo realidad:
- Crear infraestructuras de datos abiertas y localizadas.
- Aprovechar la financiación innovadora y los mercados basados en la naturaleza.
- Convocar asociaciones con múltiples partes interesadas.
- Innovación preparada para el futuro a través de la regulación adaptativa.
Esto garantiza que la inteligencia mejore la resiliencia, no la desigualdad.
¿Son capaces la regulación y la responsabilidad de seguir el ritmo de la innovación?
Aunque la tecnología abre posibilidades extraordinarias, también introduce nuevos riesgos. El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas advierte de que una rápida «revolución de los datos» podría agravar las desigualdades mundiales si el acceso a las herramientas digitales sigue siendo desigual. Gestionar estos riesgos requiere una regulación proactiva, estándares éticos y una sólida cooperación internacional[12].
La base de datos legislativos FAOLEX de la FAO, que añade alrededor de 8000 nuevas entradas cada año, ilustra la rápida evolución del panorama de la gobernanza. Los gobiernos tienen cada vez más responsabilidades en la supervisión del uso del agua, la seguridad alimentaria, el impacto ambiental y el cumplimiento normativo digital, al mismo tiempo que garantizan que la innovación respalde los derechos humanos y el equilibrio ecológico.
Sin embargo, para ser verdaderamente eficaz, la regulación no puede limitarse a reaccionar ante los cambios; debe anticiparlos. A medida que los modelos de IA evolucionan y la toma de decisiones se automatiza aún más, los gobiernos enfrentan el reto de definir la rendición de cuentas. ¿Quién es responsable cuando un algoritmo determina los resultados para millones de personas? Garantizar la transparencia en la recopilación, análisis y distribución de los datos será clave para mantener la confianza pública.
La propia tecnología puede contribuir a esta complejidad. Herramientas como SGS Digicomply utilizan IA avanzada para analizar bases de datos regulatorias globales, rastrear cambios en las normativas en distintas jurisdicciones y alertar a las organizaciones sobre posibles problemas de cumplimiento. De igual forma, la tecnología blockchain se perfila como una herramienta eficaz para la trazabilidad alimentaria, permitiendo a consumidores y reguladores verificar al instante el origen y la seguridad de los productos. El sector privado también juega un papel crucial. Los productores de alimentos y las empresas de tecnología agrícola están adoptando cada vez más marcos voluntarios de sostenibilidad que superan los estándares legales mínimos, reflejando la creciente demanda de responsabilidad tanto de inversores como de consumidores.
Para los inversores, una regulación clara proporciona la confianza necesaria para financiar el progreso a largo plazo. Como señala la firma de inversión Schroders en su informe Sustainable Food Systems Investment Outlook[13]: “No invertimos con la esperanza de que una regulación incierta impulse las ganancias de las empresas”. De hecho, argumentan que una mayor regulación debería ser bienvenida, ya que, bajo las tendencias actuales, el sistema alimentario global por sí solo podría consumir todo el presupuesto mundial de carbono para un aumento de temperatura de 1,5-2 °C, lo que hace que la reforma sea inevitable y esencial.
En definitiva, una regulación eficaz no es un freno al progreso, sino la base que permite que la innovación prospere de forma responsable. Al crear marcos transparentes y predecibles, los responsables de las políticas pueden fomentar la inversión en tecnologías que ofrezcan beneficios mensurables, no solo en productividad, sino también en sostenibilidad y equidad social.
¿Cómo puede la inversión acelerar la transición hacia sistemas más inteligentes?
La innovación depende en gran medida de la inversión, y en este sentido, las señales son alentadoras. Se espera que el mercado global de la inteligencia artificial en tecnología alimentaria alcance los 27 700 millones de USD para 2029, con una expansión anual superior al 34 %.[14] El capital privado está cada vez más interesado en empresas que combinan sostenibilidad con tecnología, al ver oportunidades en soluciones que hacen que la agricultura sea más eficiente, transparente y resiliente al cambio climático.

Las instituciones públicas están siguiendo este ejemplo. El Banco Mundial ha comenzado a considerar la gestión de los alimentos, el agua y la tierra como un componente central de su estrategia de transición climática. Desde el Acuerdo de París de 2015, ha multiplicado por ocho su financiación para la agricultura climáticamente inteligente, alcanzando casi los 3000 millones de USD anuales.[15]
La asociación entre los sectores público y privado será clave. Como señala ICL Group: “La tecnología alimentaria se perfila como la clave para abordar estos desafíos, combinando la innovación con la sostenibilidad para crear sistemas alimentarios resilientes”.[16] La próxima década determinará si somos capaces de escalar estas soluciones con la rapidez necesaria para satisfacer la demanda mundial sin seguir degradando el medio ambiente que nos sustenta.
¿Cómo contribuye la Familia Jameel a dar forma al futuro inteligente?
La familia Jameel invierte y apoya diversas iniciativas en todo el mundo que trabajan para lograr sistemas alimentarios más inteligentes.
Celebrando su décimo aniversario en 2025, el Laboratorio de sistemas de agua y alimentos Abdul Latif Jameel (J-WAFS), cofundado por Community Jameel y el ITM, refleja la convicción de que la ciencia y la compasión, juntas, pueden resolver los desafíos más complejos de la humanidad. Desde su fundación, J-WAFS ha apoyado más de 100 proyectos de investigación destinados a mejorar la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas alimentarios y hídricos, atrayendo millones de dólares en financiación e influyendo en políticas a nivel global.
Sus innovaciones son muy variadas: el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía, el avance en la purificación de agua de bajo consumo energético y el uso de inteligencia artificial para optimizar las cadenas de suministro. Entre sus iniciativas más visionarias se encuentra un recolector de agua atmosférico, un dispositivo capaz de extraer agua limpia directamente del aire, incluso en entornos áridos, sin necesidad de energía externa. Probado en el Valle de la Muerte, California, este recolector captó más agua que dispositivos pasivos o eléctricos comparables.[17]
Otro de sus proyectos utilizó datos satelitales, imágenes de Street View y aprendizaje profundo para generar mapas de cultivos con una resolución de 10 metros de los 125 millones de pequeños agricultores en India. La precisión de estos mapas ayuda a los responsables políticos, agrónomos y servicios locales a monitorear qué cultivos se siembran, dónde y cuándo, lo que permite obtener información más oportuna sobre las rotaciones de cultivos, los cambios en las decisiones de siembra de los agricultores y las tendencias agrícolas en general. Esto puede conducir a una mejor asignación de recursos a los agricultores, mejorando así el rendimiento, la estabilidad de los ingresos y la resiliencia.[18]
El ITM también es socio de Community Jameel en el Laboratorio de acción contra la pobreza Abdul Latif Jameel (J-PAL), un centro de investigación global que busca reducir la pobreza mediante políticas basadas en la evidencia. Entre sus numerosos programas, los laboratorios de aire y agua de J-PAL trabajan en estrecha colaboración con socios gubernamentales para desarrollar soluciones basadas en la evidencia ante los desafíos más urgentes relacionados con el aire y el agua en África, Oriente Medio y el Norte de África (MENA), y el sur de Asia. Del mismo modo, los Laboratorios climáticos de planificación urbana Jameel C40 ayudan a ciudades de rápido crecimiento, como Chennai, en India, y Amán, en Jordania, a integrar la acción climática con la planificación urbana. Estos laboratorios buscan perfeccionar los planes urbanos para alinearlos con los objetivos climáticos y desarrollar espacios urbanos sostenibles y de bajas emisiones de carbono como modelos.
Otra iniciativa de Community Jameel es el Observatorio Jameel, una plataforma global que trabaja en la interfaz del clima, los desastres naturales, los sistemas agrícolas y alimentarios y la salud, con un enfoque especial en los países de renta baja y media. Utiliza datos y evidencia para ayudar a las comunidades y gobiernos a prepararse y actuar ante las crisis ambientales y los impactos del cambio climático en los medios de vida y el bienestar. Su cartera actual incluye la Red de sistemas de alerta temprana en resiliencia climática del Observatorio Jameel para la acción temprana en materia de seguridad alimentaria, dirigido por la Universidad de Edimburgo, y la Red del Sistema de Alerta Temprana de Resiliencia Climática (CREWSNet) del Observatorio Jameel, dirigida por el ITM.
Estos programas demuestran cómo la excelencia en la investigación y la filantropía con propósito pueden acelerar el progreso para todos. Invertir en iniciativas como estas no se trata solo de tecnología, sino de empoderar a las generaciones futuras para que prosperen y a las comunidades para que florezcan.
¿Podemos desarrollar inteligencia sin agotar el planeta?
A medida que adoptamos la inteligencia artificial y los sistemas basados en datos, también debemos enfrentar sus costes ocultos. La infraestructura que impulsa la innovación digital (enormes centros de datos, servidores de alto consumo energético y complejas cadenas de suministro de tierras raras) conlleva su propia huella ambiental. El FEM advierte que las futuras soluciones de IA deben diseñarse con la sostenibilidad como eje central, minimizando el consumo de energía y promoviendo la circularidad.[19] Por lo tanto, es fundamental equilibrar la innovación con la responsabilidad. Los sistemas inteligentes no solo deberían ayudarnos a producir de manera más eficiente, sino también a consumir de forma más inteligente, cerrando ciclos, reduciendo los residuos y regenerando los recursos de los que depende la vida.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU proporcionan un marco claro para este esfuerzo. El ODS 2 insta a erradicar el hambre y promover la agricultura sostenible; el ODS 6 busca garantizar el acceso universal al agua potable y al saneamiento; el ODS 13 se centra en la lucha contra el cambio climático; mientras que el ODS 3 tiene como objetivo mejorar la salud y el bienestar. Muchos de los demás ODS, como los relacionados con la energía limpia, la educación y las competencias, y el crecimiento responsable, también se ven indirectamente influenciados por los retos que enfrentamos en la gestión de nuestros sistemas alimentarios y hídricos. Alcanzar estos objetivos requiere colaboración y asociación, ingenio tecnológico e imaginación moral.

Nuestro futuro no solo depende de lo que construyamos, sino de cómo lo construyamos. El desafío que tenemos por delante es garantizar que la inteligencia, en todas sus formas, sirva al propósito supremo de la humanidad: sostener la vida en armonía con el planeta que la hace posible. Si somos capaces de aprovechar esa inteligencia con empatía e integridad, la promesa de un mundo nutrido y sostenible no tiene por qué ser un sueño. Puede convertirse en nuestra realidad compartida.
Sistemas inteligentes de alimentos y agua: cinco datos clave
P: ¿Cuánto se prevé que aumente la demanda mundial de alimentos para 2050?
R: Alrededor de un 60 %, a medida que la población mundial se acerca a los 10 000 millones, lo que ejercerá una presión insostenible sobre los ya escasos suministros de agua.
P: ¿Qué porcentaje de la extracción mundial de agua dulce corresponde a la agricultura?
R: Aproximadamente el 70 %, una cifra aún mayor en muchas regiones africanas.
P: ¿Qué proporción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero proviene de la producción de alimentos?
R: Aproximadamente un tercio de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero se atribuyen a la producción de alimentos.
P: ¿A qué ritmo se prevé que crezca el mercado global de la IA aplicada a la tecnología alimentaria?
R: Se prevé que el mercado alcance los 27 700 millones de USD para 2029, con una expansión anual superior al 34 %.
P: ¿Cuántos proyectos de investigación ha apoyado J-WAFS en su primera década?
R: Más de 100 proyectos destinados a mejorar la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas alimentarios y hídricos en todo el mundo.
[1] https://www.weforum.org/stories/2024/06/renovation-reinvention-food/
[2] https://www.fao.org/aquastat/en/overview/methodology/water-use
[3] https://www.nature.com/articles/s43016-021-00225-9
[4] https://reports.weforum.org/docs/WEF_Food_and_Water_Systems_in_the_Intelligent_Age_2024.pdf
[5] https://acuvate.com/blog/data-driven-approaches-for-sustainable-water-management/
[6] https://reports.weforum.org/docs/WEF_Food_and_Water_Systems_in_the_Intelligent_Age_2024.pdf
[7] https://saiplatform.org/our-work/news/building-resilience-in-the-argentinian-peanut-sector/
[8] https://saiplatform.org/wp-content/uploads/2025/05/sai-platform_annualreport-2024_in-brief.pdf
[9] https://reports.weforum.org/docs/WEF_Food_and_Water_Systems_in_the_Intelligent_Age_2024.pdf
[10] https://www.weforum.org/stories/2025/01/food-water-security-intelligent-age/
[11] https://reports.weforum.org/docs/WEF_Food_and_Water_Systems_in_the_Intelligent_Age_2024.pdf
[12] https://openknowledge.fao.org/server/api/core/bitstreams/c3163e00-9655-43d1-991a-acc82717cbdf/content
[13] https://www.schroders.com/en-bm/bm/professional/insights/how-the-food-water-system-is-moving-into-the-policy-spotlight/
[14] https://www.thebusinessresearchcompany.com/report/artificial-intelligence-ai-in-foodtech-global-market-report
[15] https://www.worldbank.org/en/topic/climate-smart-agriculture
[16] https://www.icl-group.com/blog/hadar-sutovskys-vision-for-the-future-of-food-tech/
[17] https://jwafs.mit.edu/projects/2024/high-efficiency-atmospheric-water-harvesting-enabled-vibrational-actuation
[18] https://jwafs.mit.edu/projects/2024/national-crop-type-maps-india-using-deep-learning-and-street-view-imagery
[19] https://www.weforum.org/stories/2025/01/food-water-security-intelligent-age/
Añadido a dosier de prensa