Vivimos en un mundo plagado de riesgos, pero eso no implica necesariamente que vivamos en un mundo al borde del desastre. El motivo de que no sea así es que estamos concienciados sobre la existencia de los riesgos, lo cual se ve favorecido por estudios como el Informe de Riesgos Globales 2024 que el Foro Económico Mundial (FEM) publica anualmente. Equipados con previsiones como las de dicho informe, podemos planificar contingencias y protegernos de los retos a los que nos enfrentaremos conforme avancemos en nuestro camino hacia una civilización que sea realmente sostenible.

El último informe de riesgos del FEM, la 19.a edición, que se publicó en enero de 2024, presenta una matriz de riesgos polifacética tanto a corto como a largo plazo. El informe llega a nuestras manos tras un año que, en muchas ocasiones, ha despertado un excesivo interés mediático: un año que ha sido oficialmente declarado el más caluroso de la historia[1]; un año en el que los conflictos y la incertidumbre en Europa y Oriente Medio han sido protagonistas[2]; un año en el que varias figuras destacadas de la revolución de la inteligencia artificial han advertido de los problemas que puede acarrear la propia tecnología que han contribuido a crear.[3]

Así pues, si miramos más allá del dramatismo que copa los titulares, ¿cuáles son las amenazas que los analistas del FEM y las personas encuestadas consideran que se ciernen sobre el horizonte?

Los expertos predicen un futuro más incierto

Saadia Zahidi, directora general del Foro Económico Mundial

Saadia Zahidi, directora general del FEM, describe un periodo de “rápida aceleración de los cambios tecnológicos y de incertidumbre económica, ahora que el mundo se ve asolado por un dúo de crisis peligrosas: el cambio climático y los conflictos”.[4]

Todas estas incertidumbres, entre otras, ocupan un lugar destacado en el informe, el cual se basa en casi 1500 entrevistas realizadas a expertos del ámbito empresarial, del mundo académico, la sociedad civil y del gobierno.

En el informe se examinan los riesgos que se consideran más acuciantes para los próximos dos años y los riesgos que probablemente pasarán a primer plano durante la próxima década.

En muchos sentidos, se prevé que el mundo atraviese un periodo turbulento durante los próximos dos años, y las perspectivas son aún más preocupantes a 10 años vista.

A corto plazo (dos años), los expertos predicen un periodo inestable (54 %), turbulento (27 %) o incluso tormentoso (3 %); sólo el 16 % prevé un periodo estable o tranquilo. A largo plazo (10 años), el pesimismo aumenta, y los mismos expertos prevén un periodo inestable (29 %), turbulento (46 %) o tormentoso (17 %), en contraposición con sólo un 9 % que espera una situación estable o tranquila.

Los riesgos en ambos periodos de previsión pueden dividirse en cinco categorías:

  1. económicos
  2. medioambientales
  3. geopolíticos
  4. sociales
  5. tecnológicos

Empecemos por ahondar en el panorama para los próximos dos años.

La desinformación encabeza la lista de riesgos a corto plazo

El 2024 ya se anuncia como el año más importante desde un punto de vista político, ya que se avecinan muchas elecciones de gran relevancia. En los Estados Unidos, los votantes pronto podrían decidir si quieren que Donald Trump vuelva a la Casa Blanca como presidente por segunda vez. En el Reino Unido, el Partido Conservador y el Partido Laborista se disputan el control de la sexta mayor economía del mundo (3,3 billones de dólares en enero de 2024[5]). Asimismo, también está previsto que se celebren elecciones en la mayor democracia del mundo, la India, así como en México, Pakistán, Sudáfrica, Bangladesh, Sri Lanka, Indonesia, Corea del Sur, la Unión Europea, etc. En total, alrededor del 49 % de la población mundial acudirá a las urnas en el 2024, en muchas ocasiones enfrentándose a un tremendo dilema a la hora de marcar una opción en las papeletas.[6]

En este contexto, tal vez sea comprensible que el principal riesgo a dos años vista que se ha identificado en el informe del Foro Económico Mundial sea “la información falsa y la desinformación”, una amenaza que aparecía en la lista de riesgos 2023 para los siguientes dos años.

La creciente polarización de las redes sociales, junto con el peligro que suponen las noticias falsas y los vídeos y audios manipulados mediante inteligencia artificial, podría poner en riesgo la integridad de estos comicios decisivos.

Según el FEM, todos estos factores en conjunto amenazan con socavar la legitimidad de los gobiernos que salgan elegidos, lo cual podría provocar disturbios, desde “protestas violentas y delitos de odio hasta enfrentamientos civiles y actos de terrorismo”. Todo ello podría traer otras consecuencias, como el aumento de la propaganda nacional, leyes de censura más estrictas, controles más rigurosos de los medios de comunicación independientes o incluso límites al acceso a Internet.

En una escala de gravedad del uno al siete, más de la mitad de los encuestados (54 %) puntuaron “la información falsa y la desinformación” con un cinco o más.

Por otra parte, la lista de riesgos para los próximos dos años también destaca otros riesgos como los “fenómenos meteorológicos extremos”, los “conflictos armados interestatales”, la “falta de oportunidades económicas”, la “inflación”, la “migración involuntaria” y la “contaminación”. Ahora bien, si contemplamos un horizonte más lejano, la lista de riesgos a 10 años vista la encabeza una amenaza principal: la crisis climática.

La crisis climática se cierne sobre el informe de riesgos a largo plazo

Los cuatro primeros puestos de la lista de riesgos a 10 años vista del Foro Económico Mundial guardan todos relación con el empeoramiento de las condiciones medioambientales, lo que demuestra la amenaza existencial que representa esta crisis sin precedentes.

Estos cuatro riesgos principales son, en orden de gravedad prevista, “fenómenos meteorológicos extremos”, “cambios críticos en los sistemas terrestres”, “pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas” y “escasez de recursos naturales”.

Pero eso no es todo. La “contaminación” también se ha ganado un lugar en la lista, aunque en el décimo puesto, mientras que la “migración involuntaria” ocupa la séptima posición de la clasificación. El FEM clasifica la migración involuntaria como un riesgo social, pero su origen es sin duda de naturaleza medioambiental. Si no se interviene de forma drástica en esta crisis climática, según algunas estimaciones, cientos de millones de personas tendrán que abandonar sus hogares de aquí al año 2050[7], y se prevé que “entre uno y tres mil millones de personas queden fuera de las condiciones climáticas que han beneficiado a la humanidad a lo largo de los últimos 6000 años”.[8],[9]

Aunque en la lista de riesgos para los próximos 10 años del FEM también se vislumbran otros peligros (“información falsa y desinformación”, “ciberseguridad” y “polarización social”), la crisis climática es el factor que probablemente dictará el retroceso del nivel de vida y del progreso del desarrollo a largo plazo.

Antes de centrar toda nuestra atención en este desafío existencial, merece la pena que analicemos en mayor detalle dos áreas de riesgo concretas que se señalan en el nuevo informe: el aumento de la probabilidad de que se produzcan conflictos interestatales y la posibilidad de que cedamos el gobierno mundial a sistemas de inteligencias artificial cada vez más competentes.

Plantar cara a los riesgos que representan la hostilidad y una IA fuera de control

Los acontecimientos internacionales pueden desarrollarse a gran velocidad, prueba de ello es el hecho de que la investigación del FEM sobre la creciente amenaza de una guerra a gran escala se llevó a cabo antes del estallido del conflicto en Oriente Medio entre Israel y Gaza. Dado lo acontecido en esta región desde la publicación del informe, es muy probable que la primera aparición del riesgo “conflicto armado interestatal”, que en esta ocasión se situó en el quinto puesto de la clasificación a dos años vista, no fuera más que un anticipo de que escalará algunos puestos en la lista del próximo año.

Israel, junto con Taiwán y Ucrania, se señaló de manera profética como uno de los tres puntos críticos en los que podría producirse una escalada de los conflictos, lo que planteaba un riesgo alto para la economía mundial, la dinámica de la seguridad y las cadenas de suministro internacionales.

El informe señala que los conflictos que en esos momentos estaban activos ya habían alcanzado la cota de muertes más alta en décadas, puesto que entre el año 2020 y 2022 se cuadriplicó el número de personas fallecidas a causa de conflictos, lo cual se atribuye en gran parte a las guerras en Ucrania y Etiopía.

En el peor de los casos, las hostilidades actuales podrían provocar un “contagio del conflicto” y un crecimiento exponencial las crisis humanitarias.

Las arenas siguen moviéndose bajo los pies del orden mundial establecido. Tras las próximas elecciones de los Estados Unidos que se celebrarán en noviembre, Ucrania podría no seguir contando necesariamente con el apoyo del país, lo que podría envalentonar a Rusia. Al mismo tiempo, el conflicto en Oriente Medio pone en peligro el suministro de combustibles fósiles y las rutas comerciales marítimas, sobre todo si evoluciona y se le suman otros estados contiguos. Cualquiera de los dos conflictos tiene probabilidades de sumirse en una violencia “prolongada e intermitente” que podría durar varias décadas.

En este contexto, pronosticar el futuro se vuelve una tarea cada vez más compleja. Ante la creciente multipolaridad del mundo, el FEM advierte de que “cada vez habrá más potencias centrales que decidan intervenir, lo que podría debilitar los mecanismos que contienen los conflictos”.[10] Puede que aumente el número de países “no gobernados”, sobre todo los que son considerados ricos en recursos, lo que haría que fueran más propensos a caer en guerras por poderes entre economías vecinas, grupos paramilitares y redes de delincuencia.

Esta nueva realidad tan turbulenta amenaza con exacerbar el descontento generalizado ante el actual dominio político y económico del norte global. Y esta insatisfacción persistente podría intensificarse si las inminentes recompensas que ha prometido traer consigo la IA avanzada no logran más que acentuar las desigualdades económicas en el mundo.

Además de hacer crecer la brecha entre ricos y pobres, la IA conlleva su propio conjunto de posibles consecuencias.

En un mundo ideal, una tecnología embrionaria y no probada como la IA se implementaría de forma gradual y se establecerían fuertes medidas de seguridad para evitar cualquier tipo de consecuencia imprevista. Pero este no es un mundo ideal. Es un mundo en el que la competitividad entre estados y la miopía de la seguridad nacional podrían provocar que la IA se desplegara a toda prisa y ateniéndose a intereses personales. Un mundo en el que, en palabras del informe del FEM, “una mayor integración de la IA en las decisiones relacionadas con los conflictos podría conducir a una escalada no intencionada de los conflictos, al tiempo que el acceso abierto a las aplicaciones de IA podría dar poder de forma asimétrica a los actores malintencionados”.[11]

No podemos limitarnos a restringir la investigación en torno a la IA. Ya es una realidad en nuestras vidas, en su forma actual e inmadura, y no hará más que avanzar a un ritmo acelerado a partir de ahora, en algunos casos de la mano de otras tecnologías como la biología sintética y la computación cuántica. Tampoco deberíamos desear que se prohíba su desarrollo por completo, si tenemos en cuenta los beneficios en cuanto a productividad que promete aportar y los avances asociados en materia de cambio climático, educación y atención sanitaria.  La asistencia médica podría ser totalmente irreconocible dentro de una década, podríamos ser testigos de radiografías que se escaneen en busca de anomalías mediante intérpretes de IA y toda una serie de enfermedades que se traten con fármacos novedosos que ni siquiera podemos imaginar en la actualidad.

Aun así, la velocidad a la que avance la IA debería ser un aspecto primordial que deberían tener en cuenta tanto los actores del sector privado, que impulsan la evolución de la tecnología, como los legisladores del sector público, que ejercen poderes reguladores vitales. Ambos grupos podrían resultar fundamentales para limitar las posibles repercusiones de la IA en lo que respecta a la desinformación, la pérdida de puestos de trabajo, la actividad delictiva, los ciberataques, el terrorismo y la discriminación.

Hay una cosa segura: “la proliferación sin control de tecnologías de IA cada vez más potentes y de uso general remodelará radicalmente las economías y las sociedades en la próxima década, para bien y para mal”, advierte el FEM.[12]

Si tenemos suerte y actuamos con precaución, podríamos aprender a controlar los excesos de la IA y, con el tiempo, a utilizarla como una fuerza para el bien. Y con la misma diligencia, algún día tal vez podamos controlar nuestros propios excesos humanos y neutralizar nuestra propensión a los conflictos armados. Sin embargo, hay un riesgo que sigue sobresaliendo por encima de los demás: el calentamiento global y el colapso de nuestro sistema ecológico de soporte vital.

Inquietud ante la rápida aproximación al hito marcado de limitar el calentamiento global a 1,5 oC

En el análisis de riesgos del FEM de este año se considera que el impacto que tendrá el cambio climático dentro de una década, y en un futuro más lejano, ha experimentado un “cambio sistémico”. Según el informe, esto se debe a que ahora se espera que el umbral de limitar el calentamiento global a 1,5 oC por encima de las temperaturas preindustriales (como se especifica en el Acuerdo de París de 2015) se supere a principios o mediados de la década de 2030.

De hecho, esta previsión podría ser incluso optimista. La Organización Meteorológica Mundial, un organismo de las Naciones Unidas, publicó un informe el año pasado en el que predecía que hay un 66 % de probabilidades de que la Tierra comience a superar de forma intermitente el hito de los 1,5 oC ya en el año 2027.[13]

Todos los grupos que respondieron a la encuesta del FEM coinciden en que los cambios en los sistemas terrestres suponen un grave riesgo de cara a la próxima década. Sin embargo, el informe analiza si los peligros medioambientales podrían llevarnos a sobrepasar el umbral de los 1,5 ºC y alcanzar el escenario catastrófico de un mundo con una temperatura 3 ºC más alta, un mundo al que no seríamos capaces de adaptarnos.

¿Qué significaría superar este punto de inflexión? Imaginemos cambios a largo plazo y perpetuados en los mecanismos planetarios esenciales, que tendrían repercusiones repentinas y graves en el bienestar humano. Esto podría traducirse en fuertes subidas del nivel del mar a causa del hundimiento de las capas de hielo, la liberación de carbono a causa del deshielo del permafrost y la alteración irreversible de las corrientes oceánicas o atmosféricas. Incluso aunque existieran tecnologías de mitigación, podría haber graves implicaciones para las responsabilidades legales, la dinámica geopolítica y la agenda climática.

Incluso con un incremento de 1,5 °C, es probable que nuestros sistemas empiecen a deteriorarse de forma irrevocable: el deshielo abrupto del permafrost, la desaparición de los arrecifes de coral situados en latitudes bajas y el hundimiento de las capas de hielo de la Antártida y de Groenlandia.

La impredecible interconexión entre muchas de estas repercusiones es especialmente perniciosa, lo que dificulta que puedan preverse los impactos en cascada. El FEM cita el ejemplo del deshielo de la capa de hielo de Groenlandia, lo cual provoca la entrada de agua dulce que, a su vez, desestabiliza la circulación de vuelco meridional del Atlántico, lo que acelera aún más el deshielo de la capa de hielo de la Antártida.

Se teme que muchas economías mundiales no estén totalmente preparadas para hacer frente a las futuras consecuencias del cambio climático. Después de todo, los puntos de inflexión climáticos podrían anunciar no sólo la pérdida de biodiversidad, sino también el colapso de los ecosistemas, fenómenos meteorológicos más extremos y una grave escasez de recursos naturales. Después vendrán las repercusiones socioeconómicas: migraciones masivas, conflictos fronterizos, el repunte de enfermedades infecciosas (sobre todo si se propagan virus ancestrales a causa del deshielo del permafrost) y crisis económicas generalizadas. La disminución de la producción agrícola y el aumento de la escasez de agua podría significar la ruptura permanente de los patrones y las alianzas del comercio mundial.

La falta de financiación supone que no nos estemos preparando para el cambio climático con la urgencia que deberíamos. La diferencia entre los compromisos financieros internacionales actuales y los requisitos financieros para la adaptación estimados para 2030 es de 366 000 millones de USD al año.

Estrategias valientes para mitigar el cambio climático

Aunque las perspectivas de los riesgos climáticos son muy preocupantes, hay muchos motivos para ser optimistas y numerosas razones para abordar los problemas emergentes con energía.

Las herramientas actuales de modelización del clima no son ni mucho menos perfectas y presentan márgenes de error considerables. La mejora de la sofisticación de la IA, aunque entraña riesgos en sí misma, augura un esperanzador futuro para la analítica predictiva. Equipados con datos más detallados y fiables sobre los puntos de inflexión y la eficacia de las posibles soluciones, los gobiernos y los organismos privados pronto podrán destinar sus recursos hacia las estrategias que puedan tener un mayor impacto con una eficacia sin precedentes.

El FEM señala que “todos estos esfuerzos podrían respaldarse mediante la creación de una plataforma mundial de almacenamiento compartido de datos climatológicos, junto con una mayor inversión en equipos pertinentes para desempeñar esta labor (como aparatos de detección remota y capacidad informática) y previsiones ecológicas”.[14]

Las personas que respondieron a la última encuesta sobre riesgos consideran que los tratados mundiales son el arma más potente para hacer frente al cambio climático. Si se diseñan e integran adecuadamente, estos acuerdos son la forma más rápida de garantizar una buena reducción de las emisiones y evitar los puntos de inflexión más peligrosos.

Para aumentar aún más su eficacia, estos tratados (de los cuales el acuerdo climático de la COP28 es el ejemplo más destacado) deben ir acompañados de normativas a escala estatal y local.

Por otra parte, hay otras estrategias que están ganando terreno, como, por ejemplo:

  • La implementación de mejores sistemas de alerta temprana, que permitan responder de forma más rápida ante los fenómenos climáticos y meteorológicos inminentes.
  • Un mayor esfuerzo por parte de los Estados, las ONG y los bancos de desarrollo para reducir el riesgo de las inversiones de empresas del sector privado en proyectos medioambientales.
  • Inversiones en ASG (factores ambientales, sociales y de gobernanza) que abran nuevas vías de financiación para proyectos prioritarios y empresas de I+D destinadas a contrarrestar la crisis medioambiental.
  • Redes energéticas descentralizadas, basadas en la energía eólica, solar e hidroeléctrica, que refuercen la resiliencia a nivel comunitario.
  • La geoingeniería que supera los recelos iniciales y contrarresta los principales impulsores del cambio climático. Si bien siguen existiendo dudas sobre su escalabilidad, los proyectos de captura, uso y almacenamiento de carbono (carbon capture, usage and storage, CCUS) plantean la posibilidad de eliminar cantidades cada vez mayores de CO2 de la atmósfera. En 2023, las inversiones en CCUS alcanzaron la cifra récord de 6400 millones de USD. Otras tecnologías de geoingeniería, como la gestión de la radiación solar (solar radiation management, SRM), proponen directamente el enfriamiento del clima, tal vez por medio de la inyección de aerosoles en la estratosfera o el blanqueamiento de las nubes marinas con el fin de aumentar la reflectividad.
  • La creciente concienciación pública sobre el cambio climático y el auge de grupos de acción vecinal. La Red de Acción Climática, en particular, es un colectivo global de más de 1900 organizaciones de la sociedad civil de unos 130 países que impulsan la acción climática sostenible y que hacen campaña por la justicia social[15].

Para que cualquiera de estas medidas correctoras dé sus frutos, es fundamental contar con el firme apoyo del sector privado. Es aquí donde organizaciones como Abdul Latif Jameel pueden emerger como una poderosa fuerza que impulse el cambio.

La colaboración como vía para eliminar los riesgos de un mundo precario

En consonancia con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, estamos utilizando el poder de nuestro capital privado para ayudar a reducir los riesgos globales combatiendo el cambio climático y promoviendo una recuperación ecológica.

La energía verde es la piedra angular que hará posible un futuro más limpio para las comunidades. Nuestro negocio insignia de energías renovables, Fotowatio Renewable Ventures (FRV), supervisa una cartera en constante expansión de proyectos de energía eólica, solar e híbrida y de almacenamiento de energía en todo Oriente Medio, Europa, Latinoamérica y Australia.

FRV-X, la sección de innovación de FRV, está al frente de las iniciativas para garantizar que haya un suministro de energía renovable en los hogares de todo el mundo las 24 horas del día, los 7 días de la semana. FRV-X ya cuenta con plantas de almacenamiento de baterías a escala de servicios públicos (BESS) en el Reino Unido en Contego, West Sussex; Holes Bay, Dorset, y Clay Tye, Essex; así como una planta híbrida de energía solar y de BESS en Dalby, Queensland, (Australia). FRV-X sigue ampliando su alcance, por ello, en otoño de 2022, adquirió otros dos proyectos de BESS adicionales en el Reino Unido, así como una participación mayoritaria en un proyecto de sistemas de almacenamiento de energía en baterías en Grecia.

Asimismo, FRV-X también ha invertido 10,6 millones de USD en ecoligo, un proveedor alemán de energía solar como servicio que desarrolla proyectos solares a medida en mercados subdesarrollados. Cada uno de ellos está financiado por inversores individuales procedentes de una plataforma de inversión colectiva. Actualmente, ecoligo opera en Sudamérica, África y Asia.

Por otro lado, la escasez de agua podría representar un posible vector de riesgo antes de lo previsto, puesto que se prevé que unas 700 millones de personas deban desplazarse de su territorio a causa de la escasez de agua extrema para 2030.[16] A través de Almar Water Solutions, parte de Abdul Latif Jameel Energy and Environmental Services, tratamos de ayudar a hacer frente a los riesgos relacionados con el agua. Nuestro objetivo es reforzar la eficiencia de los sistemas hídricos para garantizar un suministro más limpio y abundante de este recurso esencial.

Con una población mundial en constante crecimiento, la seguridad alimentaria ocupa un lugar igualmente destacado en nuestra agenda. El Laboratorio de Sistemas de Agua y Alimentos de Abdul Latif Jameel en el ITM (J-WAFS), cofundado por Community Jameel en 2014, impulsa la investigación y la innovación para resolver los desafíos urgentes a los que se enfrentan los sistemas alimentarios. Otra colaboración entre Community Jameel y el ITM, el Laboratorio de Acción contra la Pobreza Abdul Latif Jameel (J-PAL ), promueve las virtudes de la formulación de políticas con base científica para combatir el azote de la pobreza mundial.

Fady Jameel
Presidente adjunto y vicepresidente
Abdul Latif Jameel

“Si algo nos ha demostrado el 2023 es que el riesgo, lejos de ser estático, es un concepto en constante evolución”, señala Fady Jameel, presidente adjunto y vicepresidente internacional de Abdul Latif Jameel.

“Si bien el último Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial no andaba errado al centrarse en el colapso climático y el auge de la IA hostil, a sus encuestados podría tomarles por sorpresa el repentino aumento de los conflictos armados en todo el mundo.

Ahora bien, estas turbulencias no son motivo para descartar por completo la idea de pronosticar los riesgos.

El próximo año traerá sus propios riesgos, sus propios desafíos, sus propios datos reveladores. En lugar de rendirnos ante el caos mundial, tenemos la responsabilidad de contrarrestar la amenaza del calentamiento global con energías renovadas, centrándonos al mismo tiempo en la clase de cohesión internacional que logrará fomentar la estabilidad y la acción coordinada”.

Nuestra conciencia compartida de los retos que nos aguardan motiva estas iniciativas para construir un mundo más seguro y justo para las generaciones futuras. Los que hereden la Tierra se enfrentarán a riesgos únicos, no obstante, el ejemplo que demos nosotros ahora tendrá una gran repercusión en el futuro.

[1] https://www.theguardian.com/us-news/2024/jan/03/2023-hottest-year-on-record-fossil-fuel-climate-crisis

[2] https://www.bbc.co.uk/news/world-middle-east-67972962

[3] https://www.theguardian.com/technology/2023/may/05/geoffrey-hinton-godfather-of-ai-fears-for-humanity

[4] https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2024/

[5] https://www.forbesindia.com/article/explainers/top-10-largest-economies-in-the-world/86159/1

[6] https://time.com/6550920/world-elections-2024/

[7] https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2021/09/13/climate-change-could-force-216-million-people-to-migrate-within-their-own-countries-by-2050

[8] https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.1910114117

[9] https://www.bbc.com/future/article/20221117-how-borders-might-change-to-cope-with-climate-migration

[10] https://www3.weforum.org/docs/WEF_The_Global_Risks_Report_2024.pdf

[11] https://www3.weforum.org/docs/WEF_The_Global_Risks_Report_2024.pdf

[12] https://www3.weforum.org/docs/WEF_The_Global_Risks_Report_2024.pdf

[13] https://www.theguardian.com/environment/2023/may/17/global-heating-climate-crisis-record-temperatures-wmo-research

[14] https://www3.weforum.org/docs/WEF_The_Global_Risks_Report_2024.pdf

[15] https://climatenetwork.org/

[16] https://www.unicef.org/wash/water-scarcity